Bienvenidos hoy les traigo una leyenda de canada
El Fairmont Empress - Victoria, BC
Con una excepcional vista del Puerto Interior (Inner Harbour),el Fairmont Empress es un majestuoso edificio conocido por su lujo y, claro, por sus deliciosos platillos. Construido entre 1904 y 1908, este hotel alberga secretos aterradores. Algunos huéspedes han reportado la aparición de un hombre que deambula por los corredores, quien se rumora era el arquitecto del hotel. Si eso no es suficiente para ponerte la piel de gallina hay otros personajes, como una doncella, una jovencita y una anciana, quienes han convertido este edificio histórico en su hogar permanente.
La Vieja Fábrica de espagueti - Vancouver, BC
Gastown, punto de reunión para las familias con antojo de platillos italianos, es un edificio construido en 1970 y convertido en restaurante del que se dice está encantado por cuatro fantasmas. ¿El más notable de los cuatro? El conductor de un tranvía que forma parte del decorado de este lugar. Dicen que se sienta en las mesas, y los empleados han escuchado rechinidos y crujidos cuando el lugar ya está cerrado.
El Fairmont Banff Springs - Banff, Alberta
Este hotel castillo en las Rocallosas te dejará sin aliento en más de un sentido. Se dice que varios fantasmas pasean por los corredores de este famoso hotel, en el que se han alojado muchas celebridades a lo largo del tiempo. Cuando vayas, busca puertas que se cierran solas, el timbre de un elevador que se oye, aunque no haya nadie cerca e, incluso, una novia fantasmal que recorre los pasillos.
Gracias por ver mi Blog
Bienvenidos hoy les traigo una leyenda de Camboya
La aparición del hombre a manos de Mukulu
El ser humano se ha preguntado a menudo cómo ha aparecido el mundo en el que vive, pero también se ha preguntado más específicamente cómo ha llegado él a este. En este sentido existen leyendas que hablan de forma más concreta respecto a su creación, de una forma que nos recuerda de hecho en algún sentido a nuestra evolución. Es el caso del mito o leyenda de Muluku, dios de los Makua y los Banayi, y la creación del hombre.
Dice la leyenda que el gran dios Muluku, tras crear el mundo, decidió crear a una especie que pudiera disfrutar y cuidar de su obra. La deidad cavó dos agujeros en la tierra, de la cual terminaría por nacer el primer hombre y la primera mujer. Siendo también Muluku un dios de la agricultura, les enseñó a cultivar y cuidar los campos con el fin de que pudieran alimentarse y vivir independientes. Pero aunque inicialmente siguieron las indicaciones del dios, la pareja terminó por ignorarlas y abandonar el cuidado del mundo.
Poco a poco las plantas fueron muriendo, hasta el punto de que los campos se volvieron desiertos. Pensativo, el dios llamó a una pareja de monos y les dió los mismos conocimientos. Mientras que la primera pareja de humanos se había dedicado a perder el tiempo, los simios se dedicaron a cuidar y construir una casa y un campo sembrado.
Ante esto el dios tomó una decisión: quitar la cola a los monos para ponersela a la pareja, que se transformarían en simios. A su vez los monos, ahora sin cola, se tornarían humanos. Y es de estos últimos de quienes el resto de la humanidad somos descendientes.
La leyenda del lago Antañavo
Una tercera leyenda africana, en esta ocasión de los antiguos Antankarana de Madagascar, nos habla de cómo hizo aparición uno de los lagos de su región, el Antañavo, el cual es considerado sagrado y cuyas aguas no deben tocarse jamás con el cuerpo.
Dice la leyenda que en un principio el lago Antañavo no existía, sino que en su lugar había un próspero poblado. En dicho lugar vivía una pareja la cual hacía pocos meses había tenido un bebé. Un día, al caer la noche el bebé rompió a llorar desconsoladamente. Su madre intentó calmarlo por todos los medios, pero nada tenía efecto. Finalmente decidió salir a pasear con el niño, llegando hasta un árbol bajo el cual las mujeres molían arroz durante el día. Una vez sentados y bajo la brisa de la noche, el bebé se calmó y se durmió.
La mujer trató de volver a casa con el niño, pero en el trayecto el pequeño rompió de nuevo a llorar. La madre volvió al mismo lugar de antes, bajo el árbol, y de nuevo su hijo volvió a tranquilizarse. Al intentar volver a casa de nuevo, se repitió la misma situación. Y ello ocurrió varias veces más. Finalmente la joven madre, cansada, tomó la decisión de dormir bajo el árbol. Pero justo cuando se disponía a hacerlo de golpe todo el poblado desapareció, hundiéndose en las aguas todo el terreno hasta donde estaban la madre y su bebé.
Tras ello la madre corrió a contar lo sucedido a los pueblos vecinos, los cuales empezaron a considerar el lugar como sagrado. Dicen que los cocodrilos que pueblan el lago Antañavo son las almas de los antiguos habitantes del poblado.
La leyenda de Seetetelané
Otra historia tradicional africana es la de Seetetelané, la cual es un pequeño cuento que nos ofrece una moraleja que indica la necesidad de respetar a los demás y las contribuciones que hacen a nuestra vida. También es un aviso para evitar la embriaguez y de cara a evitar no echar por lo borda toda lo que hemos conseguido por mera arrogancia.
Érase una vez un hombre de gran pobreza que tenía que cazar ratones para sobrevivir y que carecía prácticamente de todo, siendo sus ropas tejidas a partir de la piel de los animales que cazaba y pasando a menudo frío y hambre. No tenía tampoco familia ni pareja, y pasaba su tiempo cazando o bebiendo.
Un día, mientras cazaba ratones, encontró un enorme huevo de avestruz que pensó en comerse más adelante. Lo llevó a su casa y lo escondió allí antes de volver a buscar más comida. Cuando volvió, tras haber conseguido solo dos roedores, se encontró con algo verdaderamente inesperado: tenía una mesa puesta y preparada con carne de cordero y pan. El hombre, viendo las viandas, se preguntó si se habría casado sin saberlo.
En ese momento del huevo de avestruz salió una hermosa mujer, que se presentó como Seetetelané. La mujer le indicó que permanecería con él como su esposa, pero le advirtió que jamás la llamara hija del huevo de avestruz o se desvanecería para no volver jamás. El cazador prometió no volver a beber para evitar llamarla jamás de ese modo.
Pasaron los días juntos y felices, hasta que un día la mujer le preguntó si le gustaría ser jefe de tribu y poseer toda clase de riquezas, esclavos y animales. El cazador le preguntó si podía proporcionárselos, a lo que Seetetelané rió y con un golpe de su pié abrió el suelo, saliendo de él una gran caravana con todo tipo de bienes, servidores, esclavos y animales.
Además, la mujer le hizo ver que se había vuelto joven que sus ropas eran cálidas y valiosas. También la casa se había transformado en otra, pasando de ser una choza a un hogar de piedra repleta de pieles.
Pasó el tiempo y el cazador hizo de líder para los suyos durante un tiempo, hasta que en una celebración el hombre empezó a beber. Debido a ello empezó a comportarse de manera agresiva, a lo que Seetetelané intentó calmarlo. Pero este la empujó y la insultó, llamándola hija de un huevo de avestruz.
Esa misma noche, el cazador sintió frío, y al despertar vio que ya no quedaba nada más que su antigua choza. Ya no era líder, no tenía animales ni sirvientes, ni sus ropas eran cálidas. Y ya no tenía a Seetetelané. El hombre se arrepintió de lo que había hecho y dicho. Unos pocos días más tarde, en parte debido a que se había acostumbrado a un nivel de vida mejor, el hombre enfermó y murió.
Gracias por ver mi Blog
Bienvenidos hoy les traigo una leyenda de Camboya
Leyendas de Camboya
La estatua del rey leproso habla de un hombre que sería según lo que muchos piensan Jayavarman VII que fue el constructor de miles de hospitales, entonces se piensa también que lo habría hecho por su condición, mientras que otros creen que él no era leproso,
sino que si lo eran Kubera y Yasovarman I que ya no tienen sus manos inclusive en la estatua, según la teoría más normal de todo esto, sería que las plantas que crecen alrededor de las estatuas les estarían daño ese aspecto que algunos le habrían hecho llamar como leprosos a las figuras que representan, pero no sería más que algo ocasionado por el tiempo.
Cuenta una leyenda del rey que antes de construir incluso las estatuas, había sido llamado por un campesino que tenía una necesidad, él le habría respondido arbitrariamente y entonces en modo de venganza lo habría mojado con su saliva que tendría veneno, ya que en verdad se trataba de un brujo y por eso desde allí comenzó a padecer de lepra por tener un corazón oscuro que no quiso ayudar a dicho hombre.
Leyendas de CamboyaSiempre mirando una estatua se comienzan a sacar suposiciones y aquí también está la de que habría tomado algo sin permiso el tesorero de los Dioses, debido a que le falta la mano y eso también puede ser parte del tiempo que hizo estragos, o bien una clara señal de lo que ocurrió durante su paso por la tierra
Gracias por ver mi Blog
Bienvenidos hoy les traigo una leyenda de Bután
El país de la felicidad
A Drukpa Junley, un lama que vivió entre los años 1455 y 1529, se le conoce en Bután como el monje lascivo, el loco divino o el santo de las cinco mil mujeres. Sus hazañas sexuales son legendarias y se cuenta que en cierta ocasión le regalaron un brazalete y se lo puso en el pene. Con su sorprendente actitud pretendía desdramatizar las enseñanzas budistas y conectar con la gente. A juzgar por lo mucho que te hablan de él en Bután, está claro que lo consiguió. Kunley se formó en el monasterio tibetano en el Bután. A él se deben los numerosos falos, a menudo enormes y con alas, que aparecen pintados en las fachadas de las casas para alejar a los malos espíritus.
Cuando llegué al valle de Punakha, el más fértil de este pequeño país del Himalaya, poblado por sólo seiscientos mil habitantes, lo que más me llamó la atención no fue el pequeño monasterio dedicado al monje lascivo, rodeado de campos de arroz, si no el gigantesco dzong que se alza justo donde el río Madre ( Mo Chuu ) confluye con el río Padre ( Pho Chuu ) . ¿Qué es un dzong? Pues un edificio característico de Bután en el que conviven monjes y funcionarios.
Los monjes se dedican a lo suyo, que es rezar, pero no hace falta que salgan a pedir limosnas, ya que cuentan con una asignación periódica por parte del Gobierno. Por otra parte, los funcionarios que lo ocupan son los que se encargan de gobernar el país. Punakha fue capital de Bután durante trescientos años, hasta que en 1955 el Gobierno se trasladó a Thimphu. Se mantiene, sin embargo, como capital de verano, ya que el clima del valle es el mejor de todo Bután. Al dzong de Punakha, por cierto, también se le conoce como el Palacio de la Gran Felicidad.
“La felicidad es un concepto básico en Bután”, me comenta Kinley, el guía que nos asignaron al llegar al país. “La Constitución establece que la Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Interior Bruto; es decir, que la felicidad está por encima de la economía. Fue una idea del anterior rey, Jigme Singye Wangchuk, que fue coronado en 1974, cuando tenía 18 años, e impulsó una reforma para que Bután pasara a ser una monarquía parlamentaria”
Gracias por ver mi Blog
Bienvenidos hoy les traigo una leyenda de Bulgaria
Leyendas sobre las montañas búlgaras
Habitadas por deidades y fuerzas temerarias, las montañas son objeto de adoración en la tradición búlgara. En los mitos, cuentos y leyendas tradicionales de ellas están representadas como seres vivos, a veces como dioses, pero siempre con destino propio. Cada una de las montañas búlgaras tiene su imagen y carácter. Los Ródopes acarician los ojos con sus contornos suaves, el monte Pirin es bello, pero frío. Rila es majestuosa. La Cordillera de los Balcanes, que atraviesa todo el territorio de Bulgaria, ha jugado el papel de protectora de nuestros territorios en las lejanas épocas de batallas de liberación.
Perún, el principal dios de los eslavos, vivía en las montañas junto con su hermana, Perunica, que por su belleza brillaba más fuerte que el sol. Como a menudo pasa en los cuentos tradicionales, aparte de hermosa ella era también muy hábil y trabajadora. Tejía durante todo el invierno y en primavera se iba al lago para blanquear la tela. Trabajaba los días enteros y tendía las telas en la cumbre cercana. Siendo muy joven Perunica se enfermó y murió. En su tumba creció una flor de color lila azuláceo que la gente denominó perunica (en español, “iris”). La cumbre donde tendía los lienzos blancos incluso hasta hoy en día se llama Jardín de la Moza.
El dios Perún de Presniakov
Con el dios Perún está relacionado el nombre del monte Pirin, que la gente local llama también Perin. Incluso hasta hoy en día sobre la vida del dios eslavo se cuentan muchas leyendas que explican nombres de localidades, lagos y cumbres. Según una de las leyendas, cuando el cristianismo fue adoptado en las tierras búlgaras, Perún se fue a vivir lejos en lo alto de las montañas. Un sacerdote de las aldeas situadas a pie del monte decidió ir y ofrecerle regalos como muestra de respeto y deseo de relaciones de entendimiento. Anduvo mucho, se cansó por el camino y decidió sentarse al lado del lago, en el cual Perunika, la hermana de Perún, blanqueaba los lienzos. Perún estaba sentado en lo alto y no lo vio. Sin querer arrojó una piedra que alcanzó al sacerdote y éste cayó en el lago que desde entonces se llama el Lago del Sacerdote.
Algunas de las leyendas sobre las montañas narran sobre el pasado aún más lejano cuando por las tierras búlgaras vivían las tribus tracias. Una leyenda cuenta cómo aparecieron la Cordillera Balcánica y los Ródopes. Antaño estas dos montañas eran hermano y hermana, hijos del dios de los mares. El chico se llamaba Hem (de Hemus, el nombre tracio de la Cordillera Balcánica) y la chica se llamaba Rodopa. Un día sus juegos alegres enfadaron al dios supremo y él convirtió a Rodopa en un monte. Al ver que su hermana se había convertido en roca, Hem se petrificó del miedo que sentía. En otra leyenda Rodopa es una joven bella que tenía una voz encantadora. Todos los que la veían y oían hablar quedaban hechizados. Se enamoró Rodopa de un joven común y corriente y su elección enfadó a los dioses y la convirtieron en una montaña.
Entre los tesoros del folclore búlgaro hay un sinfín de leyendas basadas en sucesos reales. Una de ellas es la leyenda de Todorini Kukli (en español, Muñecas de Todora), una agrupación de cuatro cimas rocosas en la Cordillera Balcánica. En Spanchevtsi, una de las aldeas de la región, vivía una bella moza que se llamaba Todora. Era otoño, la época de reuniones y tertulias aldeanas al aire libre. Reunió Todora a sus amigas. Encendieron fuego en el patio, empezaron a hilar y a cantar y bailar. Vinieron también los mozos del pueblo y propusieron una apuesta: la joven que acababa primera su trabajo se casaría con el joven más bello. Todora dijo: “No el más bello, sino el más valiente. El que logre subir la cumbre de la montaña, será el más valiente de todos.” Los mozos se callaron ya que era de noche y es sabido que de noche en el monte hay náyades y otros seres temerarios. No todos volvían vivos de ahí. Todora continuaba hilando y no decía ni una palabra. Al final, cuando terminó primera decidió dirigirse a la cumbre sola. Consiguió alcanzar la cumbre de la montaña pero su delantal se había enganchado en un arbusto, Todora se resbalo por el pedregal y se cayó en el precipicio. Desde entonces los riscos se llaman las Muñecas de Todora.
En otros pueblos cuentan otra historia de la que también dicen que es verídica. Se trata de una moza que también se llamaba Todora y cantaba muy bien. Le pedían la mano jóvenes de todos lados pero ella eligió a Iván. Iván era pastor y durante meses enteros se quedaba en la montaña. Desde ahí tocaba con su flauta pastoril para que le oyese Todora quien le respondía con canciones. Pero los padres de Todora arreglaron su casamiento con un hombre rico e importante. Todora decidió escapar y así lo hizo. Se dirigió a la montaña en busca de su amado. En lo alto de la montaña encontró su casa en la que él vivía con su esposa e hijos. La joven se quedó pasmada y se alejó llorando. Llevaba consigo regalos para su boda con Iván, elaborados con mucho amor, que colgó en los árboles cercanos diciéndoles que eran invitados de boda, y ella misma se entregó a la montaña arrojándose de una roca. Ahí donde caían sus lágrimas aparecieron fuentes curativas y los árboles en los que había dejado los regalos se petrificaron y la gente los llamó Muñecas de Todora.
Gracias por ver mi Blog
Bienvenidos hoy les traigo una leyenda de Brasil
Cumacanga
Ya habían pasado varias noches desde que los habitantes en aquel pueblecito brasileño, se mostraran aterrorizados. Todos en el lugar habían sido testigos de aquel extraño fenómeno y no sabían que hacer al respecto. Algunos afirmaban que el poblado había sido maldito, quizá por el mal comportamiento de sus habitantes. Otros sin embargo, creían que el problema era otro: una fuerza oscura los estaba acechando y se hallaba oculta entre ellos.
Y es que cada día al ocultarse el sol, no transcurría demasiado hasta que veían una bola de fuego que salía disparada entre sus casas, rebotando de un lado a otro como si buscara algo. Ya nadie se atrevía a salir a esas horas, por temor a que se tratara de una bruja o un espíritu maligno.
Preocupadas, algunas personas fueron a ver al cura de la iglesia local, quien resolvió trasnochar con varios hombres de su confianza, para observar hacia donde se dirigía aquella bola luminosa.
Cuando dieron las doce de la noche, ellos aún estaban en el patio de la iglesia, armados y muy pendientes de lo que ocurriera a su alrededor. De pronto la vieron pasar, la bola de fuego estaba emitiendo destellos a la distancia y había pasado de largo para perderse en las afueras del pueblo.
—Tendremos que esperar otra noche para descubrir de donde viene —dijo el cura— y que Dios nos ayude.
A la noche siguiente estaban más alertas que nunca. Vieron la bola de fuego salir por la ventana de una casita miserable y hacia allí se dirigieron, sin estar preparados para lo que iban a encontrar en el interior.
Esa, era la vivienda de una joven muy hermosa, que no obstante se había ganado mala reputación entre sus vecinos, pues llevaba una vida licenciosa y era producto de la aventura entre un hombre casado y su amante, con la cual había tenido otros seis hijos sin estar casados.
Entraron muy sigilosamente en la casa, subieron las escaleras hasta el cuarto de la muchacha… y la vieron tendida en la cama.
Todo su cuerpo se hallaba en posición durmiente, pero le faltaba la cabeza. Parecía como si alguien se la hubiera arrancado de cuajo. Entonces comprendieron que la bola de fuego no era ningún espíritu, sino el cráneo maldito y envuelto en llamas de esa joven.
Por la mañana, ella se despertó sin tener idea de lo que estaba sucediendo. Su cabeza había vuelto a la normalidad, pero los pobladores la expulsaron de casa y le prohibieron regresar entre ellos.
Nunca nadie volvió a saber nada de ella.
Este cuento se encuentra basado en una vieja leyenda de Brasil llamada Cumacanga. Dicho relato narra la existencia de mujeres malditas, que son el equivalente femenino a los hombres lobos. Una Cumacanga puede ser la séptima hija de un adulterio o romance prohibido. Se las puede descubrir porque en las noches, su cabeza se separa de su cuerpo y se va a deambular convertida en una esfera de fuego, mientras el cuerpo permanece en casa.
Hotel Psiquiátrico Barbacena
No olvidaré el día que llegó un paciente singular al Barbacena, le conocían como Diabo, una lluvia espeluznantemente era el telón que develaba su entrada.
Su mojada presencia fue aterradora para mí, era un hombre alto, flaco y de raza negra, su semblante era pacifico, su rostro era delineado por unos pómulos grandes, y tenía unos ojos perversos. Su mirada era la de un orate.
Era escoltado por un enfermero, me comentaron que había asesinado a una familia cristiana en las afueras de la ciudad. No tenía familiares conocidos, no había registro de él, era como si hubiera aparecido de la nada en este punto del mundo.
Él era de esos pacientes a los que si tenía acceso por tratarse de un problema mental serio, los demás no pasaban por mi revista, eran indigentes o enfermos abandonados en un arte de limpieza social.
En mi exploración verbal y visual al paciente, observé en él total indiferencia hacia mi persona. Sospechaba que era otro sordomudo, parecía no tener conocimiento de los abominables hechos que había cometido. O simplemente parecía no importarle.
No fue enviado a la prisión por estar en una condición mental inestable, su locura lo salvaba de ser despedazado en la cárcel municipal, aunque aquí en el manicomio tampoco tenía muchas esperanzas de vida, tal vez se convertiría en el conejillo de indias de Bahía.
Desde el arribo de Diabo noté que los demás locos le temían, algunos entraban en crisis nerviosa cuando este se acercaba, pocas veces lo vi ingerir alimentos, y cuando era apaleado por los enfermeros jamás le vi gesticular rictus de dolor. A los pocos días ya andaba en condiciones deplorables, lucía sucio y harapiento. Una barba negra empezaba a poblar su mandíbula.
En una ocasión Hélio ordenaba a gritos a los locos alejarse de la barda, entre ellos Diabo, quien estaba en una posición un poco incomoda. Estaba parado solo sobre su pie izquierdo, mientras que el derecho lo tenía recogido; poco a poco los orates empezaban a dispersarse, menos el asesino de la familia cristiana, este estaba dándole la espalda al enfermero, miraba fijamente la barda a una distancia sumamente reducida. El personal sanitario usaba una barra de metal para golpear a los enfermos, pude observar como Hélio la empuñaba con fuerza, levantaba su brazo para dejarla caer sobre la humanidad del nuevo inquilino, cuando un grupo de locos se abalanzó sobre él, tumbándolo al suelo, atacándolo, arañando su rostro, mordiendo sus extremidades, mientras que Diabo seguía inmóvil en la misma posición, parado sobre su pie izquierdo, mirando al muro. Logré quitarle a Hélio el grupo de orates que tenía encima, lo dejaron sumamente herido; Diabo permanecería en esa posición el resto del día. Estaba en estado catatónico, lo que no me pude explicar, fue la reacción de los demás pacientes ¿Por qué querrían proteger a Diabo?
Las guardias nocturnas en el Berbecena eran la sumersión al mismísimo infierno, hacer rondines era imposible, los locos andaban sueltos, muchos de ellos se atacaban y mataban entre sí, al día siguiente los enfermeros se llevaban los restos del orate perdedor.
El hospital lucía sombrío y aterrador de noche, los locos escribían mensajes perturbadores sobre las paredes del mismo, con trozos de carbón, sangre o restos fecales, escribían atrocidades como: “Mi casa, mi infierno” “Ellos matan cada centímetro de mi” “Violaré tus restos mortales”.
En estas guardias era preferible permanecer la mayor parte del tiempo encerrado bajo llave en mi oficina. Podía escuchar los gritos y carcajadas de los dementes, sus lamentos, sollozos y demás ruidos escalofriantes que no descifraba. Pero esa noche no solo escuché gritos. Sobre mi escritorio había unos documentos y registros de pacientes que estaba revisando, fue entonces que la manija de mi puerta se empezó a mover, primero suavemente, después con más fuerza hasta dar fuertes sacudidas. Me asusté demasiado, pregunté por los enfermeros, sabía que no eran ellos, pensé que un demente quería entrar en mi despacho, empecé a gritar a ese alguien que se alejara. Me acerqué con demasiada prisa a detener el movimiento salvaje de la manija, justo antes de tomarla, cesó.
Estaba helado, no sabía qué hacer, abrir la puerta era demasiado peligroso, había decidido esperar despierto toda la noche, cuando una voz del otro lado de la puerta se dirigió a mí.
-¿Doctor Antonio Fernando Vázquez?- Nadie me hablaba por mi nombre completo.
-… ¿Sí? ¿Quién eres?
-¿Acaso importa? Bastece con saber que soy uno de sus pacientes. He venido a darle un mensaje de su amigo Ángel.- La sangre se me subió a la cabeza cuando oí eso, la piel de la nuca se me erizó. ¿Cómo sabía un loco acerca de alguien del que ni he comentado? El único sabedor de mi difunto amigo era Brener Bahía.
-¡¿Quién es usted?! ¿De qué me está hablando?
-Él está aquí conmigo, dice estar apenado y arrepentido por haberlo metido en esta situación, ni se imagina como está sufriendo. Su único consuelo, es que ahora él está viviendo su propio infierno.
-¡Lárguese! ¿Qué clase de broma es esta?
-¿Doctor?… ¿Le gustaría ver a Ángel por última vez? –Esa propuesta hizo a mi corazón acelerar, ni siquiera el Doctor Bahía sabía de la muerte de Ángel, me quedé mudo, las palabras no salían de mi boca.
-Comprendo Doctor, sé qué le es difícil asimilar lo que escucha, pero no se preocupe, él entiende. Ángel le deja un obsequio para cuando se anime a salir, lo colocaré en el suelo junto a la puerta.
Empecé a llorar en silencio, halaba aire desesperadamente mientras cubría mis ojos con las manos, caía en cuclillas recargándome sobre la puerta, sollozaba el nombre de mi amigo muerto.
Me quedé ahí sentado hasta que amaneció, los primeros rayos de sol alumbraban naturalmente mi oficina, estaba agotado de mi horrible guardia, me levantaba completamente entumido de mi posición, seguía con la espalda pegada sobre la puerta, recordaba las palabras del extraño en la madrugada, “algo” estaría en el suelo del otro lado de la puerta, me decidí y de un solo golpe, me di la vuelta y abrí la puerta.
Enfrente de mí, sobre el piso, había un par de esferas terapéuticas chinas.
Pregunté esa mañana si alguien del personal que hizo guardia conmigo se había dirigido a mi oficina en la madrugada, todos lo negaron. El incidente llegó a los oídos del Doctor Bahía, quien manifestó su asombro ante los hechos acontecidos.
Jamás encontré respuestas a lo que viví, cabe decir también que nunca volví a ver a Diabo, desde esa noche se esfumó de mi vista, no sé si lo asesinaron en esa madrugada o sí fue usado como experimento para las lobotomías de Brener Bahía.
Lo único que me hace drenar lo vivido, y a sobrellevar el infierno que significa para mí trabajar en el Hospital Psiquiátrico de Barbacena, es utilizar las esferas terapéuticas de Ángel.
La mula sin cabeza
Cuentan que hace muchísimos años, quizá en la época de la colonia, llegó a la capital brasileña un cura que se encargaría de la parroquia principal. Este era un hombre muy devoto de Dios y que se esforzaba al máximo por respetar sus votos. Rezaba por todos sus semejantes y ofrecía consuelo a cuantos acudían a su iglesia.
Un día, se presentó en la confesión una mujer hermosísima cubierta con un velo. Cuando los ojos del sacerdote se posaron en ella, sintió que una súbita pasión lo consumía por dentro y tuvo miedo.
La joven, que no era temerosa de los oficios religiosos, se dio cuenta de esto y no tuvo reparos en tentar al sacerdote. Todos los días se presentaba en el templo y le lanzaba miradas ardientes, que por más que él trataba de ignorar, se fueron haciendo un hueco en su mente y su corazón. Y al sentir aquello se sentía atormentado, pues sabía que estaba incurriendo en uno de los peores pecados.
Ella ya estaba casada con alguien más y él había jurado dedicar su vida a Dios.
Pero el deseo fue más fuerte y un buen día, ante los ojos del Cristo de la iglesia, lo consumaron cayendo en la tentación.
Tras cometer aquella imprudencia el cura se sintió horrorizado. La culpa lo atormentaba y como no pudo soportar dicho sentimiento, se suicidó tirándose desde lo alto del campanario. La mujer por su parte, también murió al poco tiempo, arrollada por un carretón que era arrastrado por una mula.
Dicen que fue un castigo divino.
Tiempo después, durante una noche de luna llena, varias personas atestiguaron haber visto a un hombre con hábito de sacerdote, merodeando por la iglesia. Lo más aterrador era que este ser no tenía cabeza y vagaba aterrorizando a los incautos que se atrevían a salir a altas horas fuera de sus casas.
Al mismo tiempo, se empezó a decir que una mula descabezada corría sin control por las calles brasileñas, despidiendo una llama de fuego desde el lugar en el que debía estar su cabeza. Siempre se anunciaba por medio del lúgubre llanto de una mujer acongojada, que parecía estar pasando por una tremenda agonía a juzgar por la profundidad de sus alaridos.
Se dice esta fue la forma que aquella mujer tan malvada adoptó tras la muerte, pues al no descansar en paz tenía que quedarse en la tierra a expiar sus pecados.
Se le aparece sobre todo a las mujeres que se comportan mal, asustándolas como castigo a sus malas acciones. Las adúlteras en especial, son las que más deben temer a la mula descabezada, pues si esta las alcanza podría pisarlas hasta la muerte.
Con el paso del tiempo, esta leyenda fue haciéndose muy popular en Brasil y aun en la actualidad, hay quienes aseguran escuchar el correr furioso de los cascos de la mula, moviéndose a toda velocidad por las calles desiertas. Mientras tanto, en alguna capilla un hombre sin cabeza sigue buscando las puertas al cielo.
La Pisadeira
Yanaina llevaba varias noches teniendo la misma espantosa pesadilla. Se veía a sí misma durmiendo en la cama, su cuarto completamente a oscuras y la puerta cerrada. De pronto, una sombra aparecía en la ventana y forcejeaba con el cristal.
Un miedo terrible se apoderaba de la muchacha mientras el vidrio de la ventana se movía violentamente, mientras aquello quería entrar.
Y por más que trataba de despertarse a sí misma, Yanaina no podía moverse, ni gritar. Quería pedir ayuda, quería salir corriendo de su habitación. Pero la ventana se abría bruscamente y una figura larga y esquelética entraba a cuatro patas, moviéndose peligrosamente hacia donde se encontraba ella.
No era capaz de distinguir su rostro, solo una silueta que se encaramaba sobre el colchón y se le sentaba en el pecho, oprimiéndola de tal manera que le cortaba la respiración.
Aterrorizada, Yanaina intentaba moverse, quitarse aquello de encima, pero el aire le faltaba…
De golpe se despertó en su cama, respirando entrecortadamente y con lágrimas en los ojos. Miró a su alrededor con desesperación y se alivió de estar sola. Tendría que hacer algo al respecto con aquellas pesadillas, porque solo eran eso. Pesadillas.
Temblorosa, se levantó de la cama y bajó hasta la cocina para servirse un vaso de agua, encendiendo todas las luces en el camino.
Aquella casa del centro de Río de Janeiro era muy vieja y hacía ruidos a todas horas de la noche.
—Que horrible pesadilla —se dijo, antes de volver a la cama. Después de lo ocurrido le costaría conciliar el sueño, sus sentidos estaban más alerta que nunca.
Un rato después, justo cuando empezaba a quedarse dormida, Yanaina escuchó un ruido a sus espaldas que la dejó helada. Algo estaba tocando el cristal de la ventana. Inmóvil, se quedó con la cabeza metida debajo de las sábanas y su corazón dio un vuelco cuando pudo distinguir el sonido del vidrio abriéndose.
Algo se arrastró hacia ella, pisando el colchón e inclinándose sobre su cuerpo. Emitió una risita aguda y malévola que la inundó de terror.
Lentamente, Yanaina se atrevió a mirar por encima de las cobijas y a pocos centímetros de su cara, vio el rostro de una vieja horrible, con la piel surcada de arrugas y el pelo sucio y largo. Estaba desnuda y esquelética pero aun así parecía tener la fuerza de diez hombre como para impedir que se levantara de la cama. Sus huesudas manos ahora le rodeaban el cuello mientras que sus rodillas, como bisagras de acero, oprimían su torso.
Yanaina gritó llena de espanto y luego, se hizo el silencio.
Este relato está basado en una leyenda de terror de Brasil, la pisadeira. Cuentan los brasileños que esta es un demonio femenino, con la forma de una anciana de largo cabello enmarañado, cuerpo esquelético y uñas largas, que entra por las noches para sentarse encima de las personas y provocarles pesadillas. Le encanta hacerlo para alimentarse del miedo de la gente y si uno no tiene cuidado, puede llegar a morir debajo de ella.
Los troncos peligrosos de Brasil
Era muy tarde cuando Andrea se levantó, alertada por unos extraños ruidos que se escuchaban en su propia habitación. Tenía al lado de la mesita de noche una maceta llena de troncos, que le habían regalado para decorar sus interiores. Al encender la luz y fijarse en ellos, sintió un escalofrío bajando por su espalda.
Los troncos se estaban sacudiendo ligeramente y una serie de sonidos extraños se escuchaban desde el interior, como si hubiera algo atrapado dentro. Andrea no se atrevió a mirar. Le tenía pánico a los bichos y no soportaba la idea de que hubiera alguno que pudiera saltarle encima. Así que se puso su bata de dormir a toda prisa y llamó a un exterminador.
Por la madrugada, el hombre se presentó para examinar el tronco y le pidió que se mantuviera a distancia.
—Voy a revisar el tronco para confirmar si se trata de una plaga o no —le advirtió.
—¿Usted cree que realmente pueda ser eso? —preguntó Andrea, temblando.
—No estoy seguro, señorita. Pero si lo es, le aviso que tendremos que fumigar el apartamento completo, pues ese tipo de casos deben tratarse con extremo cuidado.
Tras echar un vistazo al interior de los troncos, quebró uno y Andrea contuvo un grito de terror. Cientos de arañas diminutas salieron desperdigadas por la madera, en tanto el exterminador las apuntaba con un galón de insecticida.
La misma escena no tardaría en repetirse en cientos de hogares brasileños. Y es que hubo un tiempo en el que estuvo muy de moda decorar interiores con troncos naturales.
No obstante, un especialista en los medios de comunicación empezó a advertirle a las personas que no hicieran tal cosa, pues muchas arañas venenosas de las zonas selváticas del país aprovechaban para meterse y dejar sus huevos dentro. La gente que los tomaba para comerciar con ellos en la ciudad no siempre revisaba que se encontraran limpios.
Pronto se conoció a estas plantas como “los troncos peligrosos”, pues las personas se daban cuenta aterradas, de que se movían solos y emitían una serie de ruidos desagradables.
Cuando el fenómeno se extendió como una epidemia por todo el país, las autoridades de salubridad ordenaron exterminarlos a todos, así como prohibir su venta en puestos callejeros y tiendas de decoración. Lo peor, fueron los casos de personas que se reportaron con picaduras de araña una vez que los huevecillos se rompieron. Síntomas horribles como fiebre y sarpullidos aquejaron a quienes tuvieron contacto con los diminutos arácnidos; que también se esparcieron por buena parte de las calles.
Luego de tan brutal experiencia, los troncos quedaron prohibidos y fue más la gente que optó por poner naturaleza artificial en sus casas, que arriesgarse a contraer una plaga.
Esta leyenda de terror fue una de las más difundidas en su momento en Brasil, aunque nunca se ha llegado a confirmar si es verídica o no. Por si las dudas, nunca está de más recordar que hay cosas que es mejor dejar en su entorno natural.
Gracias por ver mi Blog

































